sábado, 16 de febrero de 2013

Serenidad

Estos han sido unos días de mucha reflexión. 

Ahí queda esa frase, sola y potente. Hace más de dos años aprendí una lección importante al darme cuenta que la vida puede cambiar en un solo instante. Durante este tiempo, y aunque ha estado presente muchas veces, parece que este tipo de aprendizaje pasa a un segundo plano. Y es entonces cuando la vida te vuelve a corregir y te sumerge en una situación en la que te das cuenta que eso que aprendiste es lo verdaderamente fundamental.

Durante los largos meses que han pasado desde que mi día a día era el de una persona normal más, he intentado reflexionar, meditar, pensar, ... sobre la vida. He intentado sobretodo aprender que la vida en parte la construyo yo (y que debo tener una parte activa en esa construcción), pero que también hay una parte de la vida que simplemente viene. Es duro, y probablemente suene un poco frío, pero he aprendido a aceptar que tiene cosas malas y que también hay que vivirlas.

Hace unos días recibí una noticia que me hubiera gustado no oír nunca. Porque cuando la palabra recidiva aparece en una conversación, es probable que ésta acabe en lágrimas. Y así fue. 

Como siempre, intento ver la parte positiva de todo esto y darme cuenta de la suerte que tengo. Tengo suerte porque la recidiva en realidad no es mi recidiva, pero también tengo suerte porque estoy rodeada de gente que me ayuda en mi reflexión.

Han sido días en los que muchos se han preocupado por como vivo yo todo esto. A todos ellos les he dicho lo mismo: ha sido un mazazo, pero en realidad lo he vivido como si me hubieran dicho que "a tu amiga la ha atropellado un camión". La palabra cáncer vuelve a entrar en la ecuación, pero mi vida ya  no entra en esa igualdad. Soy capaz de ver que ese cáncer que vuelve sin cesar en muchas historias de gente que conozco, no es el que fue mi cáncer. La gente sigue enfermando y recayendo cada día, pero yo ya no me veo dentro de ese mundo. Esto es positivo porque me ayuda a convivir con las malas noticias de las que también debo ser capaz de aprender.

Estos días he tenido conversaciones que nunca hubiera creído tener. Vivimos en una sociedad donde hablar con serenidad sobre la vida y la muerte no es frecuente. Hace meses observé, aprendí y me encandilé con la serenidad que vi en casa de mi amigo Jose Carnero, y ando intentando aplicarla a mi vida. Porque las cosas pasan y hay que ser capaces de compartir los temores y las angustias, porque así se hacen más pequeños. Porque un té antes de la clase de yoga con alguien que te deja fluir, sin juzgarte de ningún modo, o un desayuno de zumo de naranja y bocadillo de fuet, pueden convertirse en esos momentos en los que compartes tu YO de forma serena.

Hace dos días fue San Valentín. Esa noche estaba prevista como una noche romántica, con velas y pétalos de rosas sobre la mesa. Estábamos rodeados de gente que seguramente hablaba de lo típico en ese día: el amor, la pareja,... Marc y yo hablamos sobre nuestras vidas, sobre como habíamos cambiado en todo este tiempo y sobre cómo afrontar lo que nos viene en la vida y aprender de ello. Porque está claro que en este tiempo he aprendido y he crecido en muchos aspectos, pero sin duda ha sido Marc el que me ha ayudado aguantándome cuando iba a caer y dándome fuerzas para volver a levantarme. Tengo la suerte de tener a mi lado a alguien que me acompaña en los momentos buenos y que vive conmigo aquellos que pueden no serlo. Porque en San Valentín se habla de amor romántico sin cesar, pero el verdadero amor es el acompañarte durante el camino, sea cual sea la trayectoria.

Y si la palabra serenidad es la que más se ha repetido en este post, no lo ha sido al azar. Porque creo en ella e intento aplicarla. Porque creo que la gran enseñanza de todo esto debe ser esa: la de ser capaz de vivir mi vida con serenidad, en lo bueno y, sobretodo, en lo malo.


martes, 12 de febrero de 2013

Cualquier tiempo pasado NO fue mejor

Suelen decir que mirar las cosas con perspectiva (sobretodo temporal) tiende a suavizarlas. Seguramente es cierto, ya que pienso en momentos de mi vida vividos como duros o muy duros, y ahora no los siento tan así. Hay veces que me planteo si esa misma perspectiva se puede aplicar en directo, no tener que esperar a que pase un tiempo para dar un paso atrás y pensar lo que pasó y cómo pasó.

Esta entrada en realidad quiere hablar de justamente lo contrario: echo la vista atrás y es cierto que no siento el sufrimiento que en algunos momentos viví, pero lo importante es que lo comparo con el AHORA y todo tiende a quedar pequeño.

Hace un año atrás os escribí sobre como yo corría contra el cáncer. Lo recuerdo por lo especial de aquel día, un domingo de febrero en el que madrugué de forma desproporcionada, pasé mucho frío y me derrumbé a media carrera. También recuerdo las risas, los brazos amigos que me ayudaron a llegar al final y la emoción de pensar que, de una manera u otra, había llegado a la meta.

Y aquí es cuando viene el "Cualquier tiempo pasado NO fue mejor". Este pasado domingo fue la segunda edición de esa misma carrera. Con un año más de entreno a mis espaldas, llegué con la convicción que no sería capaz de correr los 5 km del tirón (básicamente porque no lo he conseguido nunca) pero con la idea de acabar. Este año lo iba a hacer YO; corriendo, trotando, caminando o arrastrándome. Con un frío intenso (aunque menos que el del año anterior) llegué a Sabadell pensando que este año nadie me llevaría en brazos y así fue.

Tengo la suerte de tener amigos que se dejan llevar. ¿Que les digo que hay una carrera? Pues ellos se apuntan y me apoyan en lo que toque. Hay cosas buenas que, afortunadamente, se mantienen. Allí se juntó parte de mi "oncomundo", ex-compañeros de trabajo y amigos, mi entrenador, Marcos y, como no, Marc.


Es cierto que la motivación extra que te da un día como este hace que acabes corriendo lo que nunca antes habías podido. Aunque no pude correr los 5 km del tirón, solo caminé un par de trocitos (en las pendientes más pronunciadas). 



Sé que hay mucha gente que pensará que aún no sabe dónde está el gran mérito en todo esto. Correr 5 km es algo relativamente sencillo para aquellos que salen a correr con una determinada frecuencia, pero no lo es para mí. En realidad el mérito está en darse cuenta que yo no corría contra los demás, yo corría contra yo misma hace un año, y gané. Aunque me sentí satisfecha de lo que había conseguido, siempre queda aquel gusanillo de que "lo podía haber hecho mejor", y está bien porque es el que me animará a hacer el recorrido sin parar el año próximo.

No me quiero olvidar de las ayudas extras que me acompañaron este año: mi dorsal de Uno entre Cien Mil, mi pajarita naranja de la Fundación Carreras y mi flor de ganchillo de Mónika. Correr por ocio está bien, correr por salud está mejor, correr por un fin te da fuerzas para todo.




Y con la perspectiva temporal que me proporciona el año que nos queda de distancia hasta la siguiente Corro contra el Cáncer, hoy ya puedo asegurar que EL AÑO QUE VIENE MÁS Y MEJOR, SEGURO!

Cursa 2011 y Cursa 2012