lunes, 28 de enero de 2013

La imagen que tienes de ti mismo (2 años después)

Compartiendo viaje de tren y disgusto con nuestra imagen (sobretodo capilar) con Ainara, Marc tuvo una idea genial: si tan mal os veis, porque no os vais a cortar el pelo? Parece una idea sencilla, y habrá quién se plantee que porqué no lo habíamos pensado nosotras mismas. Después de pasar los últimos 2 años a disgusto con tu pelo (desde que te quedas calva empiezas a pensar en el día que volverás a tener el pelo como lo tenías antes) cortar el pelo pasa a ser un acto-tabú que va acompañado de un cierto trauma. Aceptas llevar un pelo que no te gusta porque "es el paso necesario para llegar a tu objetivo": LA MELENA.

Ainara habló con una amiga suya peluquera, que nos recomendó una peluquería de Barcelona. Quim, el peluquero en cuestión, estaba informado de la situación un tanto especial. En seguida me dijo: no te preocupes, te voy a dejar fantástica. Llegamos a un acuerdo, él primero me haría un peinado más tradicional, y cuando viera el resultado decidiría si me dejaba llevar a algo un poco más radical. En cuanto me cogió el pelo en una cola y le pegó un tijeretazo, yo empecé a temblar. Ya de lo había dicho: últimamente me voy de la peluquería viéndome peor de lo que lo hacía al entrar. Al final me dejé llevar y este fue el resultado:

Antes
Después

Estoy satisfecha, me veo mejor. Pero lo más importante de todo esto es la sensación que me ha generado hacerlo: realmente ahora llevo el pelo más corto que hace unos días, pero ahora me siento mejor. Siento que yo tengo las riendas de la situación, porque ahora llevo el pelo corto no porque no haya otro remedio, ahora llevo el pelo corto porque LO HE DECIDIDO YO.


lunes, 14 de enero de 2013

El estómago en el piso de arriba

En este blog he usado mucho la expresión "es como una montaña rusa" porque durante todo este tiempo lo he vivido varias veces. Desde hace unos días aún más si cabe.

Os digo, y lo creo con toda sinceridad, que creo que mi camino con el cáncer ha acabado para siempre. Confío y SÉ, que no voy a recaer ni a tener otro susto como el de hace dos años. Es algo que no puedo explicar, porque es más un sentimiento que otra cosa. 

Aún creyendo firmemente que todo esto pasó, no puedo evitar que determinadas noticias que me llegan (ya sea por medios de comunicación o de la vida real más cercana) hagan sentirme como en una montaña rusa. Porque cuando leo que Anna Lizaran ha muerto de cáncer pocas semanas después de ser diagnosticada, noto en el estómago la misma sensación que cuando bajas con rapidez en una montaña rusa o cuando el ascensor empieza a moverse de repente. Creo que es normal que la sensación sea precisamente esa, porque aunque tu cuerpo ya no esta en ese lugar, hay algo que ha quedado y que necesita algo más de tiempo para situarse a la misma altura (es como si el estómago se me hubiera quedado en el piso de arriba y siento un cierto revolvimiento antes de volverlo a notar en su sitio).

Estos días están siendo especialmente duros para gente muy cercana, porque han perdido a alguien por esta enfermedad. Aunque yo conocía a esta persona de muy poco (de hecho nos debemos haber visto unas tres veces) debo decir que la noticia me ha impactado. Recuerdo haberla visto "curada" cuando yo enfermé, y saber del trágico final después de una recaída es duro, sobretodo para ellos, pero también para mí.

Es difícil explicar lo que siento, porque no es miedo. Lo lógico sería que pensara en las posibilidades que hay que a mi me pase lo mismo, pero no es eso. Siento tristeza. Me siento más próxima a alguien que en realidad nunca conocí por el simple hecho de haber estado dentro de un mismo saco.

A estas alturas solo siento que ojalá ella hubiera tenido la misma suerte que yo (y quizás también debería pensar que ojalá yo tenga más suerte que la que tuvo ella). Ojalá la gente que la ha perdido pueda superar el momento de pena y se queden con un buen recuerdo.

Yo nunca me he sentido realmente en la cuerda floja, pero supongo que he estado un poquito más cerca que mucha gente. No sé que se siente cuando sabes que la cosa se acaba, pero si sé lo que se siente cuando un amigo te regala un día magnífico aunque tu estés hecha polvo. Quiero creer que ella se ha ido con esa sensación (porque sé que le han dado momentos magníficos hasta el último momento).

miércoles, 9 de enero de 2013

La doble moral

Lo días previos a mi participación en La Marató de TV3 estuve pensando mucho al respecto de qué debía decir y cómo. Sabía que disponía de muy poquito tiempo y que sin conocer las preguntas que me iban a hacer era difícil entremeter aquello que considerara importante.

Después de pensar en varios temas, me di cuenta que había uno que yo consideraba importante y que por lo general está muy poco tratado: la doble moral respecto al cáncer.

Durante la enfermedad, tiendes a tener montañas rusas emocionales. Un día te parece que lo que tienes en realidad tampoco es para tanto, y al siguiente crees que nadie se da cuenta de la putada que te ha caído encima. Si ni tú mismo eres capaz de entender en que punto te encuentras, es todavía más complicado que los demás puedan seguirte. Este es un punto importante, que reconozco que puede que me hubiera afectado en algún momento y que lo que voy a decir venga influenciado por ello.

Recuerdo que al principio de la enfermedad mi máxima preocupación era que nadie me mirara con cara de pena o que la gente no sintiera lástima de mí. Como os podéis imaginar fue misión imposible. Había una mezcla de cara de susto, después de pena y más tarde de "¿y ahora qué le digo?". Aunque era un momento complicado para mí, entendía perfectamente la reacción de la gente, porque hasta ese mismo momento era muy posible que yo hubiera reaccionado igual. 

Pasé así un tiempo considerable, sobretodo con la caída del pelo. Estar calva es como llevar un cartel en la cabeza que dice TENGO CÁNCER y hasta la gente que no te conoce te mira, se gira y cuchichea sobre ti. Parece que es obvio que estás pasando por una situación como poco "especial" y que puede conllevar necesidades especiales. Pues aquí es en donde entra la doble moral: ¿sabéis cuántas veces me cedieron el asiento en un transporte público? Exactamente, una en un año de tratamiento. La recuerdo perfectamente. Estaba en el metro con mi primo y una señora me dijo: ven, siéntate. Como no estaba acostumbrada a que me cedieran el sitio (incluso en mis peores días durante la quimio), miré hacia atrás pensando que no me lo decía a mí. Cuando le dije que era muy amable pero que no hacía falta, ella me contestó: Yo también he pasado por esto y sé que sí hace falta.

Hubo un momento en el que decidí que no iba a esperar que los demás me ayudaran y que, si lo necesitaba, iba a ocupar los asientos reservados para personas con necesidades especiales, porque al final yo era una de ellas. No puedo decir el número exacto de veces que me pasó, porque son bastantes, pero en aquella época tuve que aguantar de forma reiterada comentarios despectivos (sobretodo de personas mayores) por ocupar los asientos que "no están ahí para los jóvenes". 

Un martes por la tarde (y lo recuerdo porque el martes era el peor día después de la quimio de los viernes) iba en el autobús de camino a mis clases de manualidades y en una parada se subió una chica embarazadísima. A mi lado, en los asientos especiales, dos chicas de treinta y tantos (sin ningún problema añadido) que no se levantaron al ver a la embarazada. Con cara y voz de MUY cabreada, me levanté y dije: tienes huevos que tenga que ser yo la que se levante para que esta chica pueda ir sentada.  Seguro que pensaréis que la vergüenza que pasaron las dos de treinta y tantos debía ser tremenda. Pues nada más lejos de la realidad, como respuesta recibí un: es que me tiro muchas horas de pie y estoy cansada. Nadie más dijo nada, excepto la chica embarazada que me lo agradeció "porque de verdad se encontraba muy mal".

Situaciones como estas me hacen plantearme qué puñetas nos está pasando. ¿Porque tenía que sufrir las caras de pena, los pobrecita, etc.. y además tener que aguantar el "mal trato" continuado por utilizar comodidades que están hechas para casos como el mío?. ¿Porqué la sociedad parece tan preocupada por los enfermos de cáncer, pero después la gente no es capaz ni de cederte un asiento?

Estos no son los únicos casos de doble moral que me ha tocado vivir, porqué ¿como definiríamos a aquellos que durante un año y medio (período en el que la gran parte de tu sueldo es pagado por la Seguridad Social o la Mútua de Empresa) te dicen que no te preocupes, que tu salud es lo primero, y que a las pocas semanas de recibir el alta te inviten a abandonar la empresa para la que estabas trabajando? ¿Cómo deberíamos llamar a la situación en la que algunos de tus compañeros no tengan en cuenta tu capacidad en el trabajo, sino el hecho que, claro, tu llevas un año y medio fuera (como si hubiera sido por gusto) y eso justifica que tú te vayas antes al paro?

Durante estos días previos a La Marató llegué a plantearme que el hecho de exponerme públicamente de esa manera podía llegar incluso a ser perjudicial para mi. ¿Qué pasara si el responsable de contratarme en mi próximo trabajo me ha visto en la tele y decide no contratarme porque soy un trabajador con más visitas médicas, posibles bajas e incluso recaídas? ¿Cómo es posible que me inviten a uno de los programas televisivos más importantes del país porque te consideren un ejemplo de superación y una ayuda hacia los demás, y esto mismo pueda suponer que en determinadas situaciones pueda ser rechazada?

Está claro que la doble moral reside con nosotros en muchos aspectos de la vida. La enfermedad no es más que un período más de ella, así que supongo que es normal que incluso en momentos como éstos debamos enfrentarnos a ella. ¿Y ahora? Ahora solo me planteo y os pido, por favor, que os planteéis ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AYUDAR A LOS ENFERMOS DE CÁNCER? Nuestra ayuda debe ir más allá de las donaciones a todas las campañas que se hacen. Ayudar significa ceder el asiento en el autobús, respetar la intimidad del enfermo que pasea por la calle, hacer presión para que no sean trabajadores de segunda clase o para no ser penalizados con el euro por receta por el hecho de necesitar mediación a largo plazo.