domingo, 2 de junio de 2013

A comerme el mundo

Me ocurre habitualmente que cuando comento a alguien que cuido mi alimentación y que estoy visitando a una nutricionista, me digan que porqué, que yo estoy delgada, no necesito hacer dieta. Y hay algo de cierto en todo esto: yo no necesito una dieta, necesito asumir ciertos hábitos que a día de hoy no acabo de cumplir.

Mi experiencia con la nutricionista de momento es corta, únicamente hemos tenido un par de sesiones. La primera sesión me sorprendió mucho: Mireia, la nutricionista de algunos de los participantes de Be Fit Barcelona Fit, me hizo poco menos que un interrogatorio. Empezó haciéndome preguntas generales: edad, altura, peso y un resumen de mi historial médico. A partir de aquí, hizo un cuadro apuntando información al respecto de mis horarios y mi actividad física de cada uno de los días de la semana (porque no se come igual un día sedentario, que uno con sesión de running, o de gimnasio). 

Con esta información me hizo una pregunta clave: qué te gusta mucho y qué no vas a comer nunca. Y creo que está muy bien, porque tal y como expliqué en un post anterior, la base del éxito de cualquier cambio es no autoengañarse. Yo no como algunas cosas porqué no me gustan, hay cosas que no puedo comer y cosas que es difícil que deje atrás. Por mi intolerancia a la lactosa, ya le comenté que normalmente solo tomo productos lácteos que existan en su variedad sin lactosa. Tampoco como azúcar, cerdo y soja, y le confesé que iba a ser muy complicado que no me comiera mi tortilla de patatas semanal. Tras esto, se metió en mi cocina y observó atentamente mi nevera y la comida que había en los armarios. Apuntó la información nutricional de varios de los productos que yo consumo y empezó a hacerme algunos comentarios. El paso final fue tomarme medidas con la cinta métrica y el adipómetro para conocer mi volumen, pero sobretodo, para conocer qué parte de ese volumen es grasa.

Adipómetro

Tras una charla con Xavi, mi entrenador personal, Mireia se puso manos a la obra y empezó a diseñar lo que va a ser mi alimentación a partir de ahora. Básicamente no va a haber demasiados cambios, ya que no lo estaba haciendo tan mal. Eso si, me dio algunos consejos básicos:

  1. Procurar introducir alimentos frescos de temporada, evitar los envasados, precocinados, enlatados..
  2. Introducir las dos raciones al día de vegetales y las tres racions de fruta entera
  3. Abandonar el consumo de pan, pasta y arroz blanco. Consumirlos integrales.
  4. Esporádicamente puedes consumir algún dulce o chocolate. El mejor momento es justo al acabar de entrenar.
Al ver cómo trabaja una nutricionista, y quedarme gratamente sorprendida, hay que hacer una reflexión importante. La dieta que han construido para mí, me sirve a mí y punto. Es más, esta dieta me sirve a mí hoy, quizás mañana haya que cambiarla. No podemos caer en la trampa de lanzarnos a probar algunas de las dietas populares que salen en los medios (llámese Atkins, de la alcachofa o lo que sea). Tampoco nos sirve aquella dieta que le hicieron a nuestra amiga y le fue tan bien. Hay que ser muy conscientes que jugar con nuestra alimentación es jugar con la mayor medicina preventiva y curativa que pueda haber. La alimentación es uno de los pilares fundamentales de nuestra salud e imagen. Si queremos estar sanos por dentro y bellos por fuera debemos preocuparnos por lo que comemos, e incluso por algo aún más importante, lo que no comemos.









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