domingo, 2 de junio de 2013

A comerme el mundo

Me ocurre habitualmente que cuando comento a alguien que cuido mi alimentación y que estoy visitando a una nutricionista, me digan que porqué, que yo estoy delgada, no necesito hacer dieta. Y hay algo de cierto en todo esto: yo no necesito una dieta, necesito asumir ciertos hábitos que a día de hoy no acabo de cumplir.

Mi experiencia con la nutricionista de momento es corta, únicamente hemos tenido un par de sesiones. La primera sesión me sorprendió mucho: Mireia, la nutricionista de algunos de los participantes de Be Fit Barcelona Fit, me hizo poco menos que un interrogatorio. Empezó haciéndome preguntas generales: edad, altura, peso y un resumen de mi historial médico. A partir de aquí, hizo un cuadro apuntando información al respecto de mis horarios y mi actividad física de cada uno de los días de la semana (porque no se come igual un día sedentario, que uno con sesión de running, o de gimnasio). 

Con esta información me hizo una pregunta clave: qué te gusta mucho y qué no vas a comer nunca. Y creo que está muy bien, porque tal y como expliqué en un post anterior, la base del éxito de cualquier cambio es no autoengañarse. Yo no como algunas cosas porqué no me gustan, hay cosas que no puedo comer y cosas que es difícil que deje atrás. Por mi intolerancia a la lactosa, ya le comenté que normalmente solo tomo productos lácteos que existan en su variedad sin lactosa. Tampoco como azúcar, cerdo y soja, y le confesé que iba a ser muy complicado que no me comiera mi tortilla de patatas semanal. Tras esto, se metió en mi cocina y observó atentamente mi nevera y la comida que había en los armarios. Apuntó la información nutricional de varios de los productos que yo consumo y empezó a hacerme algunos comentarios. El paso final fue tomarme medidas con la cinta métrica y el adipómetro para conocer mi volumen, pero sobretodo, para conocer qué parte de ese volumen es grasa.

Adipómetro

Tras una charla con Xavi, mi entrenador personal, Mireia se puso manos a la obra y empezó a diseñar lo que va a ser mi alimentación a partir de ahora. Básicamente no va a haber demasiados cambios, ya que no lo estaba haciendo tan mal. Eso si, me dio algunos consejos básicos:

  1. Procurar introducir alimentos frescos de temporada, evitar los envasados, precocinados, enlatados..
  2. Introducir las dos raciones al día de vegetales y las tres racions de fruta entera
  3. Abandonar el consumo de pan, pasta y arroz blanco. Consumirlos integrales.
  4. Esporádicamente puedes consumir algún dulce o chocolate. El mejor momento es justo al acabar de entrenar.
Al ver cómo trabaja una nutricionista, y quedarme gratamente sorprendida, hay que hacer una reflexión importante. La dieta que han construido para mí, me sirve a mí y punto. Es más, esta dieta me sirve a mí hoy, quizás mañana haya que cambiarla. No podemos caer en la trampa de lanzarnos a probar algunas de las dietas populares que salen en los medios (llámese Atkins, de la alcachofa o lo que sea). Tampoco nos sirve aquella dieta que le hicieron a nuestra amiga y le fue tan bien. Hay que ser muy conscientes que jugar con nuestra alimentación es jugar con la mayor medicina preventiva y curativa que pueda haber. La alimentación es uno de los pilares fundamentales de nuestra salud e imagen. Si queremos estar sanos por dentro y bellos por fuera debemos preocuparnos por lo que comemos, e incluso por algo aún más importante, lo que no comemos.









jueves, 2 de mayo de 2013

Be Fit Barcelona Fit

Hace unos meses Xavi me comentó la posibilidad de participar en una especie de serie documental alrededor del mundo de los entrenadores personales y sus clientes. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de esos programas que todos hemos visto en MTV (porque te cruzas con ellos haciendo zapping y ya no hay forma de cambiar de canal). En estos programas se ven a personas, habitualmente obesas, que sufren una especie de tortura por parte del que se supone es su entrenador. Era evidente que yo no quería participar en algo así. Cuando Xavi me comentó que la idea era grabar nuestra rutina habitual, intentando reflejar al máximo la realidad, pronto cambié de opinión.

Al principio debo confesar que accedí pensando que sería una gran escaparate para Xavi. Creo profundamente que en momentos de crisis generalizada como el que vivimos, tenemos el poder de ayudar en lo que podamos a la gente que tenemos alrededor, y que si todos seguimos esa cadena, podemos convivir un poquito mejor con todo lo que nos venga. Si iba a ser algo positivo para él, a mí me costaba muy poco el volver a ceder mi imagen.

Al comenzar las grabaciones, conocer al equipo y hablar con ellos de qué es lo que querían conseguir con el documental, me di cuenta que valía mucho la pena participar. La idea principal es cambiar la imagen que la gente tiene del fitness y del ejercicio en general: dejar de mostrarlo como una tortura y sobretodo, fomentar la vida sana, sea cuál sea tu perfil. Y aquí viene la parte importante, porque si solo apareciera gente como Micky Ribera (preparándose para un Ironman) o Inma García (con un maratón como próximo reto), seguramente el público general no se hubiera visto reflejado. Sabía que mi papel era el de ejercer de persona que ha pasado por una enfermedad grave y aún así decide tomar las riendas y vivir una vida lo más sana posible. No soy un ejemplo para nadie, porque básicamente mi experiencia demuestra que cualquiera puede hacerlo. Si hablar, una vez más, de todo lo vivido desde hace unos años atrás puede animar a alguien a cambiar su estilo de vida, bienvenido sea.

Hace un par de semanas pude ver el primer capítulo en un pase especial que hicieron para la gente que aparecemos en él. El resultado me encantó, no solo por la estética y la calidad del metraje, sino por la energía que te da. Hablando con más gente que había en el "preestreno", todo el mundo se iba con la misma idea: ver a tanta gente diferente haciendo deporte, de tipo y niveles tan diferentes, MOTIVA y da ganas de empezar a moverse. 

Sólo me queda invitar a todo el mundo a visitar la web del proyecto, donde además del primer episodio,  encontraréis también un blog, extras de la grabación y entrevistas de entrenadores y clientes.


Twitter: https://twitter.com/padibarcelona (@padibarcelona)





jueves, 18 de abril de 2013

Tomando decisiones...

Necesito expresar para mi misma y para que los demás entiendan determinadas actitudes, que he tomado una serie de decisiones. Me encuentro en un momento de evolución importante en mi vida y quiero compartir con vosotros que he decidido dejar el oncomundo atrás. Es un momento de alegría, el llegar a entender que después de vivir unas situaciones que te han cambiado para siempre, hay que seguir evolucionando. He decidido dejar de ser oncoClara, para ser Clara a secas. Espero que aquellos que me rodean lo entiendan y me respeten, porque es una decisión firme, tomada después de darme cuenta que hace mucho que mis sentimientos se dirigen hacia esto, pero no les he hecho caso. 

Quiero dejar de ver la palabra cáncer de forma constante en mi Facebook, en mi Twitter e incluso en mi Whatsapp.

Para mi es un momento de alegría, espero que para los demás lo sea también.

sábado, 6 de abril de 2013

Namasté

Hacía mucho tiempo, quizás años, que gente de mi alrededor practicaba yoga. Esto hacía que tuviera una cierta curiosidad sobre lo que era la práctica, pero nunca me animaba a dar el paso a probarlo. No sé si era el hecho de encontrar que existían tantos tipos de yoga y no comprender la diferencia entre unos y otros, o el ver que últimamente dan clases de yoga hasta en el súper (sí, ya sé que exagero), y no sabía dónde dirigirme para recibir una buena formación. La cuestión es que el tiempo pasaba y yo no me animaba.

Todo esto cambió cuando de repente mi amiga Marta dio un giro radical a su vida y decidió hacer del yoga su profesión. Yo sabía que si en alguien podía confiar para dar este primer paso era, seguro, en ella. La cuestión principal era: cuanto de lo que yo había imaginado sobre el yoga era real, y cuanto era solo imaginación. ¿Qué es en realidad el yoga?



Debo confesar que yo tenía una imagen un tanto mística de lo que es la práctica de yoga. Tenía la sensación que únicamente se trataba de aprender ciertas posturas combinándolas con meditación. Pensaba que iba a ser un ejercicio más mental, que físico. (¿Confesad, cuántos de vosotros tenéis esta imagen del yoga?). Y no sabéis lo equivocada que estaba.

Me gustaría hacer una pequeña introducción en palabras de Godfrey Devereux, fundador del método que yo practico:

“No enseñamos tradiciones, ni filosofía, ni creencias religiosas hindúes. No nos interesa convertir el Yoga en una religión. No perdemos tiempo y dinero en tratar conceptos psicológicos. Enseñamos acción, generación de experiencias que puedan ser entendidas por los alumnos sin ningún dogma ideológico ni religioso. Nos interesan las experiencias que puedan ser entendidas desde la inteligencia del cuerpo humano”.

Hablo desde mi propia experiencia con la práctica del Yoga Dinámico. Es posible que cada uno pueda vivir una misma clase de diferentes formas, así que explicaré que siento yo.

Recuerdo la primera clase porque encontré una práctica muy física y acabé sudando a mares. Después de mover músculos de mi cuerpo que ni si quiera sabía que existían, me tiré 3 días con unas agujetas horribles. Las primeras prácticas quedaron en eso, en un esfuerzo físico mucho mayor de lo que yo me había planteado. Solo hay que ver el cuerpo de Marta para poder reconocer las virtudes físicas que conlleva el yoga. Ha sido con el tiempo, y supongo que con el avanzar de la práctica, cuando he empezado a notar más allá de mis músculos. En épocas especialmente convulsas, como lo han sido últimamente, he encontrado un rincón dónde solo importo yo y mi cuerpo, una hora y media donde todo lo demás desaparece. La concentración sobre las posturas y la respiración tiene un efecto directo sobre nuestra mente; funciona como un "desintoxicante". 

Poco a poco, he ido observando una cierta obligación a asistir a yoga. No es una obligación personal, se trata de un compromiso con el avanzar de la práctica, un compromiso con el hecho de dedicarme ese tiempo en exclusiva a mi, un compromiso con los beneficios que conlleva a mi cuerpo y, sobretodo, un compromiso con las sensaciones que estoy descubriendo.

A todos aquellos que os planteéis probarlo, que tengáis la curiosidad que yo sentía hace meses, os aconsejo que lo intentéis. Acercaos al yoga con la mente abierta, sin imágenes mentales de lo que debe ser o lo que debéis sentir. El yoga, sin duda, ayuda a dejar fluir tu cuerpo y tu mente.



Acabo este post invitando a todo el mundo a leer uno que Marta escribió hace un tiempo. Sin duda el yoga puede ser una ayuda para cualquier persona, pero lo es especialmente para pacientes oncológicos. 


** Este post va dedicado a mi maestra de yoga, por guiarme y enseñarme sobre la esterilla y fuera de ella. A los demás, os invito a visitar su grupo de Facebook (https://www.facebook.com/yogaandfriends.es?fref=ts) y su blog personal (http://martaatravesdelespejo.tumblr.com)



miércoles, 20 de marzo de 2013

Y hay cosas que llegan cuando tienen que llegar...

"En la INDIA se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad" 

La primera dice: "La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. 

La segunda ley dice: "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice: "En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última: "Cuando algo termina, termina". Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado".



Te echaré de menos y sonreiré cada vez que piense en ti

** Este post va dedicado a mi amiga Monika, que ocupó una parte de mi vida donde me hizo muy feliz, pero también va dedicado a otras tres personas: a Marta, que además de enviarme este texto en el momento justo, lleva mucho tiempo guiándome y no dejándome caer, a Magda, que siempre está ahí para mí y sabe decirme las verdades en el momento preciso y, como siempre, a Marc, que sufre a mi lado e intenta comprenderme siempre.



sábado, 16 de febrero de 2013

Serenidad

Estos han sido unos días de mucha reflexión. 

Ahí queda esa frase, sola y potente. Hace más de dos años aprendí una lección importante al darme cuenta que la vida puede cambiar en un solo instante. Durante este tiempo, y aunque ha estado presente muchas veces, parece que este tipo de aprendizaje pasa a un segundo plano. Y es entonces cuando la vida te vuelve a corregir y te sumerge en una situación en la que te das cuenta que eso que aprendiste es lo verdaderamente fundamental.

Durante los largos meses que han pasado desde que mi día a día era el de una persona normal más, he intentado reflexionar, meditar, pensar, ... sobre la vida. He intentado sobretodo aprender que la vida en parte la construyo yo (y que debo tener una parte activa en esa construcción), pero que también hay una parte de la vida que simplemente viene. Es duro, y probablemente suene un poco frío, pero he aprendido a aceptar que tiene cosas malas y que también hay que vivirlas.

Hace unos días recibí una noticia que me hubiera gustado no oír nunca. Porque cuando la palabra recidiva aparece en una conversación, es probable que ésta acabe en lágrimas. Y así fue. 

Como siempre, intento ver la parte positiva de todo esto y darme cuenta de la suerte que tengo. Tengo suerte porque la recidiva en realidad no es mi recidiva, pero también tengo suerte porque estoy rodeada de gente que me ayuda en mi reflexión.

Han sido días en los que muchos se han preocupado por como vivo yo todo esto. A todos ellos les he dicho lo mismo: ha sido un mazazo, pero en realidad lo he vivido como si me hubieran dicho que "a tu amiga la ha atropellado un camión". La palabra cáncer vuelve a entrar en la ecuación, pero mi vida ya  no entra en esa igualdad. Soy capaz de ver que ese cáncer que vuelve sin cesar en muchas historias de gente que conozco, no es el que fue mi cáncer. La gente sigue enfermando y recayendo cada día, pero yo ya no me veo dentro de ese mundo. Esto es positivo porque me ayuda a convivir con las malas noticias de las que también debo ser capaz de aprender.

Estos días he tenido conversaciones que nunca hubiera creído tener. Vivimos en una sociedad donde hablar con serenidad sobre la vida y la muerte no es frecuente. Hace meses observé, aprendí y me encandilé con la serenidad que vi en casa de mi amigo Jose Carnero, y ando intentando aplicarla a mi vida. Porque las cosas pasan y hay que ser capaces de compartir los temores y las angustias, porque así se hacen más pequeños. Porque un té antes de la clase de yoga con alguien que te deja fluir, sin juzgarte de ningún modo, o un desayuno de zumo de naranja y bocadillo de fuet, pueden convertirse en esos momentos en los que compartes tu YO de forma serena.

Hace dos días fue San Valentín. Esa noche estaba prevista como una noche romántica, con velas y pétalos de rosas sobre la mesa. Estábamos rodeados de gente que seguramente hablaba de lo típico en ese día: el amor, la pareja,... Marc y yo hablamos sobre nuestras vidas, sobre como habíamos cambiado en todo este tiempo y sobre cómo afrontar lo que nos viene en la vida y aprender de ello. Porque está claro que en este tiempo he aprendido y he crecido en muchos aspectos, pero sin duda ha sido Marc el que me ha ayudado aguantándome cuando iba a caer y dándome fuerzas para volver a levantarme. Tengo la suerte de tener a mi lado a alguien que me acompaña en los momentos buenos y que vive conmigo aquellos que pueden no serlo. Porque en San Valentín se habla de amor romántico sin cesar, pero el verdadero amor es el acompañarte durante el camino, sea cual sea la trayectoria.

Y si la palabra serenidad es la que más se ha repetido en este post, no lo ha sido al azar. Porque creo en ella e intento aplicarla. Porque creo que la gran enseñanza de todo esto debe ser esa: la de ser capaz de vivir mi vida con serenidad, en lo bueno y, sobretodo, en lo malo.


martes, 12 de febrero de 2013

Cualquier tiempo pasado NO fue mejor

Suelen decir que mirar las cosas con perspectiva (sobretodo temporal) tiende a suavizarlas. Seguramente es cierto, ya que pienso en momentos de mi vida vividos como duros o muy duros, y ahora no los siento tan así. Hay veces que me planteo si esa misma perspectiva se puede aplicar en directo, no tener que esperar a que pase un tiempo para dar un paso atrás y pensar lo que pasó y cómo pasó.

Esta entrada en realidad quiere hablar de justamente lo contrario: echo la vista atrás y es cierto que no siento el sufrimiento que en algunos momentos viví, pero lo importante es que lo comparo con el AHORA y todo tiende a quedar pequeño.

Hace un año atrás os escribí sobre como yo corría contra el cáncer. Lo recuerdo por lo especial de aquel día, un domingo de febrero en el que madrugué de forma desproporcionada, pasé mucho frío y me derrumbé a media carrera. También recuerdo las risas, los brazos amigos que me ayudaron a llegar al final y la emoción de pensar que, de una manera u otra, había llegado a la meta.

Y aquí es cuando viene el "Cualquier tiempo pasado NO fue mejor". Este pasado domingo fue la segunda edición de esa misma carrera. Con un año más de entreno a mis espaldas, llegué con la convicción que no sería capaz de correr los 5 km del tirón (básicamente porque no lo he conseguido nunca) pero con la idea de acabar. Este año lo iba a hacer YO; corriendo, trotando, caminando o arrastrándome. Con un frío intenso (aunque menos que el del año anterior) llegué a Sabadell pensando que este año nadie me llevaría en brazos y así fue.

Tengo la suerte de tener amigos que se dejan llevar. ¿Que les digo que hay una carrera? Pues ellos se apuntan y me apoyan en lo que toque. Hay cosas buenas que, afortunadamente, se mantienen. Allí se juntó parte de mi "oncomundo", ex-compañeros de trabajo y amigos, mi entrenador, Marcos y, como no, Marc.


Es cierto que la motivación extra que te da un día como este hace que acabes corriendo lo que nunca antes habías podido. Aunque no pude correr los 5 km del tirón, solo caminé un par de trocitos (en las pendientes más pronunciadas). 



Sé que hay mucha gente que pensará que aún no sabe dónde está el gran mérito en todo esto. Correr 5 km es algo relativamente sencillo para aquellos que salen a correr con una determinada frecuencia, pero no lo es para mí. En realidad el mérito está en darse cuenta que yo no corría contra los demás, yo corría contra yo misma hace un año, y gané. Aunque me sentí satisfecha de lo que había conseguido, siempre queda aquel gusanillo de que "lo podía haber hecho mejor", y está bien porque es el que me animará a hacer el recorrido sin parar el año próximo.

No me quiero olvidar de las ayudas extras que me acompañaron este año: mi dorsal de Uno entre Cien Mil, mi pajarita naranja de la Fundación Carreras y mi flor de ganchillo de Mónika. Correr por ocio está bien, correr por salud está mejor, correr por un fin te da fuerzas para todo.




Y con la perspectiva temporal que me proporciona el año que nos queda de distancia hasta la siguiente Corro contra el Cáncer, hoy ya puedo asegurar que EL AÑO QUE VIENE MÁS Y MEJOR, SEGURO!

Cursa 2011 y Cursa 2012




lunes, 28 de enero de 2013

La imagen que tienes de ti mismo (2 años después)

Compartiendo viaje de tren y disgusto con nuestra imagen (sobretodo capilar) con Ainara, Marc tuvo una idea genial: si tan mal os veis, porque no os vais a cortar el pelo? Parece una idea sencilla, y habrá quién se plantee que porqué no lo habíamos pensado nosotras mismas. Después de pasar los últimos 2 años a disgusto con tu pelo (desde que te quedas calva empiezas a pensar en el día que volverás a tener el pelo como lo tenías antes) cortar el pelo pasa a ser un acto-tabú que va acompañado de un cierto trauma. Aceptas llevar un pelo que no te gusta porque "es el paso necesario para llegar a tu objetivo": LA MELENA.

Ainara habló con una amiga suya peluquera, que nos recomendó una peluquería de Barcelona. Quim, el peluquero en cuestión, estaba informado de la situación un tanto especial. En seguida me dijo: no te preocupes, te voy a dejar fantástica. Llegamos a un acuerdo, él primero me haría un peinado más tradicional, y cuando viera el resultado decidiría si me dejaba llevar a algo un poco más radical. En cuanto me cogió el pelo en una cola y le pegó un tijeretazo, yo empecé a temblar. Ya de lo había dicho: últimamente me voy de la peluquería viéndome peor de lo que lo hacía al entrar. Al final me dejé llevar y este fue el resultado:

Antes
Después

Estoy satisfecha, me veo mejor. Pero lo más importante de todo esto es la sensación que me ha generado hacerlo: realmente ahora llevo el pelo más corto que hace unos días, pero ahora me siento mejor. Siento que yo tengo las riendas de la situación, porque ahora llevo el pelo corto no porque no haya otro remedio, ahora llevo el pelo corto porque LO HE DECIDIDO YO.


lunes, 14 de enero de 2013

El estómago en el piso de arriba

En este blog he usado mucho la expresión "es como una montaña rusa" porque durante todo este tiempo lo he vivido varias veces. Desde hace unos días aún más si cabe.

Os digo, y lo creo con toda sinceridad, que creo que mi camino con el cáncer ha acabado para siempre. Confío y SÉ, que no voy a recaer ni a tener otro susto como el de hace dos años. Es algo que no puedo explicar, porque es más un sentimiento que otra cosa. 

Aún creyendo firmemente que todo esto pasó, no puedo evitar que determinadas noticias que me llegan (ya sea por medios de comunicación o de la vida real más cercana) hagan sentirme como en una montaña rusa. Porque cuando leo que Anna Lizaran ha muerto de cáncer pocas semanas después de ser diagnosticada, noto en el estómago la misma sensación que cuando bajas con rapidez en una montaña rusa o cuando el ascensor empieza a moverse de repente. Creo que es normal que la sensación sea precisamente esa, porque aunque tu cuerpo ya no esta en ese lugar, hay algo que ha quedado y que necesita algo más de tiempo para situarse a la misma altura (es como si el estómago se me hubiera quedado en el piso de arriba y siento un cierto revolvimiento antes de volverlo a notar en su sitio).

Estos días están siendo especialmente duros para gente muy cercana, porque han perdido a alguien por esta enfermedad. Aunque yo conocía a esta persona de muy poco (de hecho nos debemos haber visto unas tres veces) debo decir que la noticia me ha impactado. Recuerdo haberla visto "curada" cuando yo enfermé, y saber del trágico final después de una recaída es duro, sobretodo para ellos, pero también para mí.

Es difícil explicar lo que siento, porque no es miedo. Lo lógico sería que pensara en las posibilidades que hay que a mi me pase lo mismo, pero no es eso. Siento tristeza. Me siento más próxima a alguien que en realidad nunca conocí por el simple hecho de haber estado dentro de un mismo saco.

A estas alturas solo siento que ojalá ella hubiera tenido la misma suerte que yo (y quizás también debería pensar que ojalá yo tenga más suerte que la que tuvo ella). Ojalá la gente que la ha perdido pueda superar el momento de pena y se queden con un buen recuerdo.

Yo nunca me he sentido realmente en la cuerda floja, pero supongo que he estado un poquito más cerca que mucha gente. No sé que se siente cuando sabes que la cosa se acaba, pero si sé lo que se siente cuando un amigo te regala un día magnífico aunque tu estés hecha polvo. Quiero creer que ella se ha ido con esa sensación (porque sé que le han dado momentos magníficos hasta el último momento).

miércoles, 9 de enero de 2013

La doble moral

Lo días previos a mi participación en La Marató de TV3 estuve pensando mucho al respecto de qué debía decir y cómo. Sabía que disponía de muy poquito tiempo y que sin conocer las preguntas que me iban a hacer era difícil entremeter aquello que considerara importante.

Después de pensar en varios temas, me di cuenta que había uno que yo consideraba importante y que por lo general está muy poco tratado: la doble moral respecto al cáncer.

Durante la enfermedad, tiendes a tener montañas rusas emocionales. Un día te parece que lo que tienes en realidad tampoco es para tanto, y al siguiente crees que nadie se da cuenta de la putada que te ha caído encima. Si ni tú mismo eres capaz de entender en que punto te encuentras, es todavía más complicado que los demás puedan seguirte. Este es un punto importante, que reconozco que puede que me hubiera afectado en algún momento y que lo que voy a decir venga influenciado por ello.

Recuerdo que al principio de la enfermedad mi máxima preocupación era que nadie me mirara con cara de pena o que la gente no sintiera lástima de mí. Como os podéis imaginar fue misión imposible. Había una mezcla de cara de susto, después de pena y más tarde de "¿y ahora qué le digo?". Aunque era un momento complicado para mí, entendía perfectamente la reacción de la gente, porque hasta ese mismo momento era muy posible que yo hubiera reaccionado igual. 

Pasé así un tiempo considerable, sobretodo con la caída del pelo. Estar calva es como llevar un cartel en la cabeza que dice TENGO CÁNCER y hasta la gente que no te conoce te mira, se gira y cuchichea sobre ti. Parece que es obvio que estás pasando por una situación como poco "especial" y que puede conllevar necesidades especiales. Pues aquí es en donde entra la doble moral: ¿sabéis cuántas veces me cedieron el asiento en un transporte público? Exactamente, una en un año de tratamiento. La recuerdo perfectamente. Estaba en el metro con mi primo y una señora me dijo: ven, siéntate. Como no estaba acostumbrada a que me cedieran el sitio (incluso en mis peores días durante la quimio), miré hacia atrás pensando que no me lo decía a mí. Cuando le dije que era muy amable pero que no hacía falta, ella me contestó: Yo también he pasado por esto y sé que sí hace falta.

Hubo un momento en el que decidí que no iba a esperar que los demás me ayudaran y que, si lo necesitaba, iba a ocupar los asientos reservados para personas con necesidades especiales, porque al final yo era una de ellas. No puedo decir el número exacto de veces que me pasó, porque son bastantes, pero en aquella época tuve que aguantar de forma reiterada comentarios despectivos (sobretodo de personas mayores) por ocupar los asientos que "no están ahí para los jóvenes". 

Un martes por la tarde (y lo recuerdo porque el martes era el peor día después de la quimio de los viernes) iba en el autobús de camino a mis clases de manualidades y en una parada se subió una chica embarazadísima. A mi lado, en los asientos especiales, dos chicas de treinta y tantos (sin ningún problema añadido) que no se levantaron al ver a la embarazada. Con cara y voz de MUY cabreada, me levanté y dije: tienes huevos que tenga que ser yo la que se levante para que esta chica pueda ir sentada.  Seguro que pensaréis que la vergüenza que pasaron las dos de treinta y tantos debía ser tremenda. Pues nada más lejos de la realidad, como respuesta recibí un: es que me tiro muchas horas de pie y estoy cansada. Nadie más dijo nada, excepto la chica embarazada que me lo agradeció "porque de verdad se encontraba muy mal".

Situaciones como estas me hacen plantearme qué puñetas nos está pasando. ¿Porque tenía que sufrir las caras de pena, los pobrecita, etc.. y además tener que aguantar el "mal trato" continuado por utilizar comodidades que están hechas para casos como el mío?. ¿Porqué la sociedad parece tan preocupada por los enfermos de cáncer, pero después la gente no es capaz ni de cederte un asiento?

Estos no son los únicos casos de doble moral que me ha tocado vivir, porqué ¿como definiríamos a aquellos que durante un año y medio (período en el que la gran parte de tu sueldo es pagado por la Seguridad Social o la Mútua de Empresa) te dicen que no te preocupes, que tu salud es lo primero, y que a las pocas semanas de recibir el alta te inviten a abandonar la empresa para la que estabas trabajando? ¿Cómo deberíamos llamar a la situación en la que algunos de tus compañeros no tengan en cuenta tu capacidad en el trabajo, sino el hecho que, claro, tu llevas un año y medio fuera (como si hubiera sido por gusto) y eso justifica que tú te vayas antes al paro?

Durante estos días previos a La Marató llegué a plantearme que el hecho de exponerme públicamente de esa manera podía llegar incluso a ser perjudicial para mi. ¿Qué pasara si el responsable de contratarme en mi próximo trabajo me ha visto en la tele y decide no contratarme porque soy un trabajador con más visitas médicas, posibles bajas e incluso recaídas? ¿Cómo es posible que me inviten a uno de los programas televisivos más importantes del país porque te consideren un ejemplo de superación y una ayuda hacia los demás, y esto mismo pueda suponer que en determinadas situaciones pueda ser rechazada?

Está claro que la doble moral reside con nosotros en muchos aspectos de la vida. La enfermedad no es más que un período más de ella, así que supongo que es normal que incluso en momentos como éstos debamos enfrentarnos a ella. ¿Y ahora? Ahora solo me planteo y os pido, por favor, que os planteéis ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA AYUDAR A LOS ENFERMOS DE CÁNCER? Nuestra ayuda debe ir más allá de las donaciones a todas las campañas que se hacen. Ayudar significa ceder el asiento en el autobús, respetar la intimidad del enfermo que pasea por la calle, hacer presión para que no sean trabajadores de segunda clase o para no ser penalizados con el euro por receta por el hecho de necesitar mediación a largo plazo.