jueves, 2 de mayo de 2013

Be Fit Barcelona Fit

Hace unos meses Xavi me comentó la posibilidad de participar en una especie de serie documental alrededor del mundo de los entrenadores personales y sus clientes. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de esos programas que todos hemos visto en MTV (porque te cruzas con ellos haciendo zapping y ya no hay forma de cambiar de canal). En estos programas se ven a personas, habitualmente obesas, que sufren una especie de tortura por parte del que se supone es su entrenador. Era evidente que yo no quería participar en algo así. Cuando Xavi me comentó que la idea era grabar nuestra rutina habitual, intentando reflejar al máximo la realidad, pronto cambié de opinión.

Al principio debo confesar que accedí pensando que sería una gran escaparate para Xavi. Creo profundamente que en momentos de crisis generalizada como el que vivimos, tenemos el poder de ayudar en lo que podamos a la gente que tenemos alrededor, y que si todos seguimos esa cadena, podemos convivir un poquito mejor con todo lo que nos venga. Si iba a ser algo positivo para él, a mí me costaba muy poco el volver a ceder mi imagen.

Al comenzar las grabaciones, conocer al equipo y hablar con ellos de qué es lo que querían conseguir con el documental, me di cuenta que valía mucho la pena participar. La idea principal es cambiar la imagen que la gente tiene del fitness y del ejercicio en general: dejar de mostrarlo como una tortura y sobretodo, fomentar la vida sana, sea cuál sea tu perfil. Y aquí viene la parte importante, porque si solo apareciera gente como Micky Ribera (preparándose para un Ironman) o Inma García (con un maratón como próximo reto), seguramente el público general no se hubiera visto reflejado. Sabía que mi papel era el de ejercer de persona que ha pasado por una enfermedad grave y aún así decide tomar las riendas y vivir una vida lo más sana posible. No soy un ejemplo para nadie, porque básicamente mi experiencia demuestra que cualquiera puede hacerlo. Si hablar, una vez más, de todo lo vivido desde hace unos años atrás puede animar a alguien a cambiar su estilo de vida, bienvenido sea.

Hace un par de semanas pude ver el primer capítulo en un pase especial que hicieron para la gente que aparecemos en él. El resultado me encantó, no solo por la estética y la calidad del metraje, sino por la energía que te da. Hablando con más gente que había en el "preestreno", todo el mundo se iba con la misma idea: ver a tanta gente diferente haciendo deporte, de tipo y niveles tan diferentes, MOTIVA y da ganas de empezar a moverse. 

Sólo me queda invitar a todo el mundo a visitar la web del proyecto, donde además del primer episodio,  encontraréis también un blog, extras de la grabación y entrevistas de entrenadores y clientes.


Twitter: https://twitter.com/padibarcelona (@padibarcelona)





jueves, 18 de abril de 2013

Tomando decisiones...

Necesito expresar para mi misma y para que los demás entiendan determinadas actitudes, que he tomado una serie de decisiones. Me encuentro en un momento de evolución importante en mi vida y quiero compartir con vosotros que he decidido dejar el oncomundo atrás. Es un momento de alegría, el llegar a entender que después de vivir unas situaciones que te han cambiado para siempre, hay que seguir evolucionando. He decidido dejar de ser oncoClara, para ser Clara a secas. Espero que aquellos que me rodean lo entiendan y me respeten, porque es una decisión firme, tomada después de darme cuenta que hace mucho que mis sentimientos se dirigen hacia esto, pero no les he hecho caso. 

Quiero dejar de ver la palabra cáncer de forma constante en mi Facebook, en mi Twitter e incluso en mi Whatsapp.

Para mi es un momento de alegría, espero que para los demás lo sea también.

sábado, 6 de abril de 2013

Namasté

Hacía mucho tiempo, quizás años, que gente de mi alrededor practicaba yoga. Esto hacía que tuviera una cierta curiosidad sobre lo que era la práctica, pero nunca me animaba a dar el paso a probarlo. No sé si era el hecho de encontrar que existían tantos tipos de yoga y no comprender la diferencia entre unos y otros, o el ver que últimamente dan clases de yoga hasta en el súper (sí, ya sé que exagero), y no sabía dónde dirigirme para recibir una buena formación. La cuestión es que el tiempo pasaba y yo no me animaba.

Todo esto cambió cuando de repente mi amiga Marta dio un giro radical a su vida y decidió hacer del yoga su profesión. Yo sabía que si en alguien podía confiar para dar este primer paso era, seguro, en ella. La cuestión principal era: cuanto de lo que yo había imaginado sobre el yoga era real, y cuanto era solo imaginación. ¿Qué es en realidad el yoga?



Debo confesar que yo tenía una imagen un tanto mística de lo que es la práctica de yoga. Tenía la sensación que únicamente se trataba de aprender ciertas posturas combinándolas con meditación. Pensaba que iba a ser un ejercicio más mental, que físico. (¿Confesad, cuántos de vosotros tenéis esta imagen del yoga?). Y no sabéis lo equivocada que estaba.

Me gustaría hacer una pequeña introducción en palabras de Godfrey Devereux, fundador del método que yo practico:

“No enseñamos tradiciones, ni filosofía, ni creencias religiosas hindúes. No nos interesa convertir el Yoga en una religión. No perdemos tiempo y dinero en tratar conceptos psicológicos. Enseñamos acción, generación de experiencias que puedan ser entendidas por los alumnos sin ningún dogma ideológico ni religioso. Nos interesan las experiencias que puedan ser entendidas desde la inteligencia del cuerpo humano”.

Hablo desde mi propia experiencia con la práctica del Yoga Dinámico. Es posible que cada uno pueda vivir una misma clase de diferentes formas, así que explicaré que siento yo.

Recuerdo la primera clase porque encontré una práctica muy física y acabé sudando a mares. Después de mover músculos de mi cuerpo que ni si quiera sabía que existían, me tiré 3 días con unas agujetas horribles. Las primeras prácticas quedaron en eso, en un esfuerzo físico mucho mayor de lo que yo me había planteado. Solo hay que ver el cuerpo de Marta para poder reconocer las virtudes físicas que conlleva el yoga. Ha sido con el tiempo, y supongo que con el avanzar de la práctica, cuando he empezado a notar más allá de mis músculos. En épocas especialmente convulsas, como lo han sido últimamente, he encontrado un rincón dónde solo importo yo y mi cuerpo, una hora y media donde todo lo demás desaparece. La concentración sobre las posturas y la respiración tiene un efecto directo sobre nuestra mente; funciona como un "desintoxicante". 

Poco a poco, he ido observando una cierta obligación a asistir a yoga. No es una obligación personal, se trata de un compromiso con el avanzar de la práctica, un compromiso con el hecho de dedicarme ese tiempo en exclusiva a mi, un compromiso con los beneficios que conlleva a mi cuerpo y, sobretodo, un compromiso con las sensaciones que estoy descubriendo.

A todos aquellos que os planteéis probarlo, que tengáis la curiosidad que yo sentía hace meses, os aconsejo que lo intentéis. Acercaos al yoga con la mente abierta, sin imágenes mentales de lo que debe ser o lo que debéis sentir. El yoga, sin duda, ayuda a dejar fluir tu cuerpo y tu mente.



Acabo este post invitando a todo el mundo a leer uno que Marta escribió hace un tiempo. Sin duda el yoga puede ser una ayuda para cualquier persona, pero lo es especialmente para pacientes oncológicos. 


** Este post va dedicado a mi maestra de yoga, por guiarme y enseñarme sobre la esterilla y fuera de ella. A los demás, os invito a visitar su grupo de Facebook (https://www.facebook.com/yogaandfriends.es?fref=ts) y su blog personal (http://martaatravesdelespejo.tumblr.com)



miércoles, 20 de marzo de 2013

Y hay cosas que llegan cuando tienen que llegar...

"En la INDIA se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad" 

La primera dice: "La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. 

La segunda ley dice: "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice: "En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última: "Cuando algo termina, termina". Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado".



Te echaré de menos y sonreiré cada vez que piense en ti

** Este post va dedicado a mi amiga Monika, que ocupó una parte de mi vida donde me hizo muy feliz, pero también va dedicado a otras tres personas: a Marta, que además de enviarme este texto en el momento justo, lleva mucho tiempo guiándome y no dejándome caer, a Magda, que siempre está ahí para mí y sabe decirme las verdades en el momento preciso y, como siempre, a Marc, que sufre a mi lado e intenta comprenderme siempre.



sábado, 16 de febrero de 2013

Serenidad

Estos han sido unos días de mucha reflexión. 

Ahí queda esa frase, sola y potente. Hace más de dos años aprendí una lección importante al darme cuenta que la vida puede cambiar en un solo instante. Durante este tiempo, y aunque ha estado presente muchas veces, parece que este tipo de aprendizaje pasa a un segundo plano. Y es entonces cuando la vida te vuelve a corregir y te sumerge en una situación en la que te das cuenta que eso que aprendiste es lo verdaderamente fundamental.

Durante los largos meses que han pasado desde que mi día a día era el de una persona normal más, he intentado reflexionar, meditar, pensar, ... sobre la vida. He intentado sobretodo aprender que la vida en parte la construyo yo (y que debo tener una parte activa en esa construcción), pero que también hay una parte de la vida que simplemente viene. Es duro, y probablemente suene un poco frío, pero he aprendido a aceptar que tiene cosas malas y que también hay que vivirlas.

Hace unos días recibí una noticia que me hubiera gustado no oír nunca. Porque cuando la palabra recidiva aparece en una conversación, es probable que ésta acabe en lágrimas. Y así fue. 

Como siempre, intento ver la parte positiva de todo esto y darme cuenta de la suerte que tengo. Tengo suerte porque la recidiva en realidad no es mi recidiva, pero también tengo suerte porque estoy rodeada de gente que me ayuda en mi reflexión.

Han sido días en los que muchos se han preocupado por como vivo yo todo esto. A todos ellos les he dicho lo mismo: ha sido un mazazo, pero en realidad lo he vivido como si me hubieran dicho que "a tu amiga la ha atropellado un camión". La palabra cáncer vuelve a entrar en la ecuación, pero mi vida ya  no entra en esa igualdad. Soy capaz de ver que ese cáncer que vuelve sin cesar en muchas historias de gente que conozco, no es el que fue mi cáncer. La gente sigue enfermando y recayendo cada día, pero yo ya no me veo dentro de ese mundo. Esto es positivo porque me ayuda a convivir con las malas noticias de las que también debo ser capaz de aprender.

Estos días he tenido conversaciones que nunca hubiera creído tener. Vivimos en una sociedad donde hablar con serenidad sobre la vida y la muerte no es frecuente. Hace meses observé, aprendí y me encandilé con la serenidad que vi en casa de mi amigo Jose Carnero, y ando intentando aplicarla a mi vida. Porque las cosas pasan y hay que ser capaces de compartir los temores y las angustias, porque así se hacen más pequeños. Porque un té antes de la clase de yoga con alguien que te deja fluir, sin juzgarte de ningún modo, o un desayuno de zumo de naranja y bocadillo de fuet, pueden convertirse en esos momentos en los que compartes tu YO de forma serena.

Hace dos días fue San Valentín. Esa noche estaba prevista como una noche romántica, con velas y pétalos de rosas sobre la mesa. Estábamos rodeados de gente que seguramente hablaba de lo típico en ese día: el amor, la pareja,... Marc y yo hablamos sobre nuestras vidas, sobre como habíamos cambiado en todo este tiempo y sobre cómo afrontar lo que nos viene en la vida y aprender de ello. Porque está claro que en este tiempo he aprendido y he crecido en muchos aspectos, pero sin duda ha sido Marc el que me ha ayudado aguantándome cuando iba a caer y dándome fuerzas para volver a levantarme. Tengo la suerte de tener a mi lado a alguien que me acompaña en los momentos buenos y que vive conmigo aquellos que pueden no serlo. Porque en San Valentín se habla de amor romántico sin cesar, pero el verdadero amor es el acompañarte durante el camino, sea cual sea la trayectoria.

Y si la palabra serenidad es la que más se ha repetido en este post, no lo ha sido al azar. Porque creo en ella e intento aplicarla. Porque creo que la gran enseñanza de todo esto debe ser esa: la de ser capaz de vivir mi vida con serenidad, en lo bueno y, sobretodo, en lo malo.


martes, 12 de febrero de 2013

Cualquier tiempo pasado NO fue mejor

Suelen decir que mirar las cosas con perspectiva (sobretodo temporal) tiende a suavizarlas. Seguramente es cierto, ya que pienso en momentos de mi vida vividos como duros o muy duros, y ahora no los siento tan así. Hay veces que me planteo si esa misma perspectiva se puede aplicar en directo, no tener que esperar a que pase un tiempo para dar un paso atrás y pensar lo que pasó y cómo pasó.

Esta entrada en realidad quiere hablar de justamente lo contrario: echo la vista atrás y es cierto que no siento el sufrimiento que en algunos momentos viví, pero lo importante es que lo comparo con el AHORA y todo tiende a quedar pequeño.

Hace un año atrás os escribí sobre como yo corría contra el cáncer. Lo recuerdo por lo especial de aquel día, un domingo de febrero en el que madrugué de forma desproporcionada, pasé mucho frío y me derrumbé a media carrera. También recuerdo las risas, los brazos amigos que me ayudaron a llegar al final y la emoción de pensar que, de una manera u otra, había llegado a la meta.

Y aquí es cuando viene el "Cualquier tiempo pasado NO fue mejor". Este pasado domingo fue la segunda edición de esa misma carrera. Con un año más de entreno a mis espaldas, llegué con la convicción que no sería capaz de correr los 5 km del tirón (básicamente porque no lo he conseguido nunca) pero con la idea de acabar. Este año lo iba a hacer YO; corriendo, trotando, caminando o arrastrándome. Con un frío intenso (aunque menos que el del año anterior) llegué a Sabadell pensando que este año nadie me llevaría en brazos y así fue.

Tengo la suerte de tener amigos que se dejan llevar. ¿Que les digo que hay una carrera? Pues ellos se apuntan y me apoyan en lo que toque. Hay cosas buenas que, afortunadamente, se mantienen. Allí se juntó parte de mi "oncomundo", ex-compañeros de trabajo y amigos, mi entrenador, Marcos y, como no, Marc.


Es cierto que la motivación extra que te da un día como este hace que acabes corriendo lo que nunca antes habías podido. Aunque no pude correr los 5 km del tirón, solo caminé un par de trocitos (en las pendientes más pronunciadas). 



Sé que hay mucha gente que pensará que aún no sabe dónde está el gran mérito en todo esto. Correr 5 km es algo relativamente sencillo para aquellos que salen a correr con una determinada frecuencia, pero no lo es para mí. En realidad el mérito está en darse cuenta que yo no corría contra los demás, yo corría contra yo misma hace un año, y gané. Aunque me sentí satisfecha de lo que había conseguido, siempre queda aquel gusanillo de que "lo podía haber hecho mejor", y está bien porque es el que me animará a hacer el recorrido sin parar el año próximo.

No me quiero olvidar de las ayudas extras que me acompañaron este año: mi dorsal de Uno entre Cien Mil, mi pajarita naranja de la Fundación Carreras y mi flor de ganchillo de Mónika. Correr por ocio está bien, correr por salud está mejor, correr por un fin te da fuerzas para todo.




Y con la perspectiva temporal que me proporciona el año que nos queda de distancia hasta la siguiente Corro contra el Cáncer, hoy ya puedo asegurar que EL AÑO QUE VIENE MÁS Y MEJOR, SEGURO!

Cursa 2011 y Cursa 2012




lunes, 28 de enero de 2013

La imagen que tienes de ti mismo (2 años después)

Compartiendo viaje de tren y disgusto con nuestra imagen (sobretodo capilar) con Ainara, Marc tuvo una idea genial: si tan mal os veis, porque no os vais a cortar el pelo? Parece una idea sencilla, y habrá quién se plantee que porqué no lo habíamos pensado nosotras mismas. Después de pasar los últimos 2 años a disgusto con tu pelo (desde que te quedas calva empiezas a pensar en el día que volverás a tener el pelo como lo tenías antes) cortar el pelo pasa a ser un acto-tabú que va acompañado de un cierto trauma. Aceptas llevar un pelo que no te gusta porque "es el paso necesario para llegar a tu objetivo": LA MELENA.

Ainara habló con una amiga suya peluquera, que nos recomendó una peluquería de Barcelona. Quim, el peluquero en cuestión, estaba informado de la situación un tanto especial. En seguida me dijo: no te preocupes, te voy a dejar fantástica. Llegamos a un acuerdo, él primero me haría un peinado más tradicional, y cuando viera el resultado decidiría si me dejaba llevar a algo un poco más radical. En cuanto me cogió el pelo en una cola y le pegó un tijeretazo, yo empecé a temblar. Ya de lo había dicho: últimamente me voy de la peluquería viéndome peor de lo que lo hacía al entrar. Al final me dejé llevar y este fue el resultado:

Antes
Después

Estoy satisfecha, me veo mejor. Pero lo más importante de todo esto es la sensación que me ha generado hacerlo: realmente ahora llevo el pelo más corto que hace unos días, pero ahora me siento mejor. Siento que yo tengo las riendas de la situación, porque ahora llevo el pelo corto no porque no haya otro remedio, ahora llevo el pelo corto porque LO HE DECIDIDO YO.